EPÍLOGO
Así terminó
la guerra que había devastado la región de Argólida, con la muerte de los dos
caudillos más crueles, Anfitrión, el rey de Tirinto y defensor de todas las
ciudades al sur del río Inachos, firmó un pacto de paz con la princesa Anaxo.
Pero el asunto de quién debía reinar en Micenas quedaba pendiente, esperando
una resolución.
Entretanto,
tras recibir una cuantiosa recompensa por sus servicios en el conflicto, Mina y
su comitiva siguieron su camino hacia Beocia. En medio de la caravana,
Anfidamante y Alcides iban juntos. Aunque el motivo que había llevado al exilio
de Alcides había caído en la batalla, el joven príncipe aún tenía mucho que
probar, saberes que aprender y un perdón que solicitar ante otro rey por sus
hechos pasados. Pero eso, eso es otra historia, que esperaba en el destino de
su futuro incierto.
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