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8 de agosto de 1218
AUC
Lucio Aeciano a su venerable
abuelo, Flavio Aecio.
Salve, venerable abuelo:
Me he desempeñado lo mejor que
he podido en los deberes que me han sido confiados, y mi carrera militar
progresa favorablemente. Pronto comenzaré también mi carrera política, tal como
me lo habéis indicado, procurando que mis acciones estén siempre a la altura
del nombre de nuestra familia.
Sin embargo, debo mencionaros un
asunto que me inquieta profundamente. Ha aparecido un culto oscuro que se hace
llamar Sol Invicto, aunque sospecho que ese nombre no es más que una tapadera
para ocultar a verdaderos adoradores del Enemigo. He visto con mis propios ojos
las aberraciones que sus ritos son capaces de invocar: criaturas antinaturales,
contrarias a las leyes de Dios y de los hombres, que parecen ser vulnerables al
agua bendita.
Estas criaturas me recuerdan a
aquella que vos mismo abatisteis hace años, en presencia del emperador. Me
temo, abuelo, que nuestra estirpe está ligada a este problema de una manera que
todavía no alcanzo a comprender. Por ello necesito vuestra ayuda y vuestro
consejo. Vuestra experiencia en asuntos semejantes es mucho mayor que la mía, y
quisiera saber qué recordáis de aquel encuentro y qué medidas consideráis
prudente adoptar.
Os ruego que transmitáis mis
saludos a mi hermano menor. Nuestra madre me ha escrito que finalmente se ha
recuperado de su enfermedad, noticia que me ha llenado de alegría. Procuraré
encontrar algún intervalo entre mis deberes militares y las nuevas obligaciones
políticas para visitaros y comprobar personalmente que se encuentra bien.
Que Nuestro Señor os conserve la
salud y la fortaleza durante muchos años más. Espero que mis acciones continúen
siendo dignas de vuestro afecto y de la confianza que siempre habéis depositado
en mí.
Que Dios os guarde.
Lucio Aeciano
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